JAIME MENDOZA NAVA: ENTRE EL ECO Y EL SILENCIO (Una reflexión personal sobre nuestra forma de escuchar)
Del 4 de Julio de 2025
He estado pensando en Jaime Mendoza Nava estos días.
Lo había oído mencionar, sí, pero apenas como un nombre detrás de una obra, como una referencia que flota sin peso.
Pero algo cambió: vi a los músicos pronunciar su nombre con brillo en los ojos.
Entonces supe que había algo más.
Hace poco, la Orquesta Sinfónica Nacional anunció un concierto dedicado a él. No pude ir, pero me quedó esa inquietud: ¿qué tenía este compositor que despertaba tanta emoción en los músicos? Hace apenas unos días asistí a un concierto-conferencia en homenaje a su centenario, en el Teatro Doña Albina, en La Paz. Fue un evento bellísimo, en el sentido más profundo: musical, emotivo, histórico. Sentí que no conocer la historia de mi país me pesaba un poco más esa noche.
Estoy formando un nuevo conocimiento, uno en el que aprender historia no es memorizar fechas, sino comprender lo que sigue vivo de aquello que pasó. Al llegar a casa, después de cenar, no podía dejar de pensar. No quería simplemente admirar por admirar.
Necesitaba entender. ¿Por qué esta música tocaba tanto?
Entre mis intentos por entender, inventé metáforas. Lo comparé con plantas, con recetas, con historias no contadas. Se habla de su paso por Hollywood, y aunque eso suena grandioso, yo quería ir más allá del prestigio. ¿Cuál era su esencia?
Escuché que muchas de sus composiciones fusionan elementos indígenas con el lenguaje sinfónico. Y entonces surgieron más preguntas. ¿Es esto una continuación de la música mestiza que surgió tras el colonialismo? ¿O algo nuevo? La imagen de las plantas volvió a mí: como si alguien tomara una raíz andina y la hiciera crecer en invernaderos europeos… sin perder su identidad.
Jaime Mendoza Nava tuvo una formación extraordinaria. Estudió en Julliard, en Madrid, en París… y no en cualquier época, sino cuando ingresar como latinoamericano era poco común. Fue director de orquesta, compuso para cine, fue premiado.
Y sin embargo, su nombre no figura entre los más difundidos del continente.
¿Por qué?
No tengo la respuesta, pero sí una sospecha. Quizá no existían (o aún no existen) los parámetros adecuados para valorar su obra.
Desde la psicología, sabemos que ningún instrumento de evaluación sirve si no está diseñado para quien se evalúa. Medir con la regla equivocada puede hacernos creer que algo no vale… cuando en realidad solo no encaja en los moldes conocidos.
¿Pudo haber pasado eso con la obra de Mendoza Nava?
Es la primera vez que siento, tan fuerte, la falta de musicólogos en Bolivia. Alguien que pueda trazar la historia, los vínculos, los sentidos. Que analice su obra no solo por su técnica o por su valor emotivo, sino por su lugar en la memoria sonora de un país.
No para idealizar, sino para entender con profundidad. Para que no quede como un nombre que brilla brevemente en una conversación, sino como parte de nuestra historia musical, emocional, social.
Hoy, mientras escribo esto, me sigo preguntando qué más podríamos descubrir si empezáramos a escucharlo con atención.
¿Y si no esperamos a que alguien más lo haga?
¿Y si empezamos ahora, juntos?

Comentarios
Publicar un comentario