ESCUCHANDO A JAIME MENDOZA NAVA: LA VOZ
Del 10 de Septiembre de 2025
Ayer lloré muchísimo.
No sé explicarlo bien. Reconozco mis emociones, pero era un llanto... cercano. No de lástima ni de tristeza. Creo que era por sentir algo.
Ayer conocí a Jaime Mendoza Nava, el compositor, NUESTRO compositor.
No una reseña, ni unas líneas que hablan con honor pero lejanía de él. Sino a él, como ese joven compositor con dudas y reflexiones.
Y no hablo metafóricamente. Yo “leo” personas, soy psicoterapeuta. Debo entenderlas, comprender emociones, vivencias, pensamientos. No es opcional.
Ayer fui a la maravillosa biblioteca de la Fundación Flavio Machicado Viscarra.
Este año es mi lugar favorito de música y pensamiento.
Las personas ahí son tan amables y dedicadas que sientes el apoyo desde el primer instante. Mientras pedía el clásico libro que siempre leo para reflexionar (Boleros de Caballería, de Jhenny Cárdenas), balbuceé que buscaba también algo sobre Jaime Mendoza Nava.
Y fue la mayor de las sorpresas cuando me dieron un folder entero de recortes de periódico de él.
No sé qué cambió en mí, pero de alguna manera me conmueve la historia.
Leer esas páginas fue lo más cercano y conmovedor que he experimentado en mucho tiempo. Eran las páginas de La Paz en 1950, pero no como un simple recuerdo: estaban vivas.
Avisos de secretariado para presentarse al ministerio, anuncios de compras de papel en la Alcaldía de Oruro, servicios, conciertos… palabras congeladas para siempre ahí.
Y de pronto el aviso:
“Hoy, concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con su joven director Jaime Mendoza Nava.”
Uno tiembla.
Es como ver el anuncio de un concierto de Beethoven presentándose esa noche. No un recuerdo: esa noche.
Y si uno se deja llevar por eso, siente la premura de una La Paz que vive, que esa noche llevará una gala por el joven maestro presentándose. Uno siente las ganas de ir a su guardarropa y preparar el traje o el vestido para ir hoy.
Encontré también una carta suya a su padre, publicada en el periódico. Creo que eso es lo que me hizo llorar.
Ahí no está el compositor al que actualmente se le rinden homenajes lejanos, sino el joven que habla nuestro mismo idioma: de ansiedad, incertidumbre, reflexiones sobre la vida, cansancio, amigos.
Lo más sorprendente es que no es una voz lejana, sino que habla HOY.
Transcribí la carta (faltan partes que no se tomaron bien con la cámara, pero corregiré la próxima vez que vaya).
Ahí está su voz.
La voz, el pensamiento, los sueños de un compositor que brilla sin que nadie tenga que darle luz, porque su presencia ya brilla.
Y es tan boliviano.
Se siente la presión del prodigio, pero también los sueños y un pensamiento artístico tan grande que no sé si él mismo se daba cuenta de que ya lo tenía. Solo leyendo esa carta, uno puede verlo ahí, escribiéndola mientras su amigo Kurt Machicado lo acompaña, cansado pero feliz.
Cada recorte es así.
La vida paceña latiendo alrededor de él:
los concursos de la Alcaldía por los 400 años de La Paz, donde participó,
el cansancio de presentar su composición a tiempo,
el orgullo de su padre,
las presentaciones en la Orquesta Sinfónica Nacional,
aquella donde la ovación de pie fue inmediata, rompiendo taquilla,
aquella donde las bocinas en España escucharon su presentación,
aquella donde las damas de sociedad escuchaban sus composiciones en un té,
aquella donde habló de Beethoven en una entrevista,
aquella donde ofreció un concierto a beneficio de la Sociedad de los Leones.
Nada de esto es lejano.
Es una vida que toca HOY.
Y me hace tener ideas locas: sentir la obligación de escribir sobre él.
Porque es bueno, vasto, bellísimo.
Porque hay mil quinientas cosas que no sabía que podríamos aprender y analizar.
¿Saben? Para mí, esta es nuestra identidad.
Alemania tiene a Beethoven.
Finlandia a Sibelius.
Francia a Ravel.
Rusia a Shostakovich.
Nosotros tenemos a Jaime Mendoza Nava, a Simeón Roncal, a Eduardo Caba.
Solo que no nos hemos dado cuenta.
Esto no es para lamentos ni para homenajes de dos horas.
Es para lecturas, relecturas, escritos, reflexiones.
Pero ya estaré escribiendo sobre eso.
Hagamos que viva.



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